En el año 2001 el Congreso Mexicano aprueba una ley que desconoce los derechos y cultura indígenas, que fueron recogidos en la iniciativa de ley COCOPA, fruto de la negociación en 1995 entre gobierno federal y EZLN.
Esto provoca un punto de inflexión y una nueva etapa política del EZLN. A partir de este momento comienzan a trabajar al margen de las instituciones y partidos políticos que le han traicionado. Suprime todos los acercamientos al gobierno federal y comienza el fortalecimiento interno de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas. Esto supone el ejercicio de la autonomía sin pedir permiso, el ejercicio de sus derechos. Este proceso se manifiesta en Agosto de 2003 con las Juntas de Buen Gobierno.
Encaminada esta construcción sale la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, que supone un paso mas hacia la lucha por la liberación nacional e internacional.
El EZLN no se planteó nunca ser sólo un movimiento indígena, sino integrar la lucha indígena como parte de una lucha nacional. La Sexta Declaración de la Selva Lacandona es una nueva iniciativa que en primer lugar busca que las resistencias de todo el país se conozcan y se escuchen, para posteriormente elaborar juntos un plan nacional de lucha y una nueva Constitución. Todo esto al margen de partidos políticos y disputas electorales. Por esto es La Otra Campaña el plan operativo de la Sexta a nivel nacional.
Este plan operativo se inicia con la salida el 1° de Enero del Subcomandante Insurgente Marcos, el Delegado Zero, para recorrer por 6 meses toda la República Mexicana y establecer el primer contacto con resistencias locales, chicas y grandes, movimientos que no son contemplados en las campañas electorales. En una segunda fase, sería la Comandancia General del EZLN quien saldría a trabajar de forma conjunta e indefinida con estas luchas en todo el país.
La Otra Campaña supone la salida de los zapatistas de su territorio, ya no a manifestarse y regresar, sino a hacer política abierta indefinidamente. Todo esto sin dejar las armas, pero asumiendo un compromiso de lucha pacífica. La Otra Campaña es una iniciativa convocada por los zapatistas y entregada a las luchas que se suman. El EZLN es un integrante más de este movimiento, no lo dirige.
En 4 meses de recorrido el gobierno ha respondido con muchas amenazas, detenciones, hostigamientos, allanamientos y persecuciones a muchos de los miembros de La Otra. La represión
llega a su clímax en los hechos acontecidos en los días 3 y 4 de Mayo en Texcoco y San Salvador Atenco (en el estado de México) en contra de sus habitantes y de los miembros del Frente Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), adherente a la Sexta Declaración de la Selva lacandona y miembro de La Otra Campaña.
Entre Agosto y Septiembre de 2005 tienen lugar en la Selva Lacandona 6 reuniones preparatorias con diferentes movimientos del país. En una de ellas se adhiere el FPDT, pasando a ser junto con el EZLN y centenares de movimientos más, parte del mismo proyecto político. El EZLN no dirige las acciones del FPDT, se pone a su servicio, declarándose en Alerta Roja y llamando a movilizarse a todos los adherentes a la Sexta Declaración, nacionales e internacionales.
Desde mediados de la primera década del Siglo XXI, y haciendo honor a su búsqueda de paz, los zapatistas se enfocaron en la organización efectiva de las comunidades autónomas chiapanecas y, como ejército, se limitó a brindar apoyo a quienes conformaban la sociedad civil dentro de su territorio. Como lo afirma el Subcomandante Marcos en uno de los últimos comunicados que se publicaron, “no con pocos errores y muchas dificultades” han logrado avances significativos que se traducen en bienestar para los indígenas.
En un escenario utópico, los planteamientos de las Declaraciones de la Selva Lacandona construirían una nación que respeta a los indígenas, que promueve sus raíces y conserva su cultura. Al mismo tiempo, conseguiría un escenario político inclusivo, sin cúpulas, democrático. La desaparición intermitente del EZLN de la escena política pone en duda la relevancia de su imagen y el compromiso real con el cambio no sólo a nivel local, sino nacional.
Mientras se enfrentan al mismo PRI al que atacaron en 1994, el escenario para los zapatistas no es, por mucho, el mismo que 19 años atrás: el Ejército Mexicano no contaba con el número de efectivos (que hoy asciende a 200 mil soldados) ni el presupuesto federal (la partida para 2013 contempla $155,209.3 millones para los rubros de seguridad nacional) con el que hoy en día trabaja el Gobierno Federal. La credibilidad del movimiento se ha visto disminuida por su presencia inconstante en el imaginario colectivo, igual que por las contradicciones a las que se enfrenta su portavoz, Marcos, en cada entrevista en la que maneja un doble discurso: el propio y el zapatista.
Sin aliados políticos conocidos, navega en la indiferencia del ciudadano promedio que no se identifica con esa izquierda radical sin representación partidista. La clandestinidad que construye al movimiento es, a la par, motivo de su debilitamiento. Pero, a pesar de la aparente falta de atención e interés de los últimos años, el día en que los zapatistas reaparecieron, las cámaras estuvieron atentas a lo que harían.El silencio de aquella marcha decembrina fue roto por un comunicado que comenzaba con una paradoja: “¿Escucharon?” preguntaba la misiva que, sabíamos de antemano, iba firmada por el portavoz legendario del EZLN.
Desde su primera aparición pública, la imagen de Marcos desentonó con las consignas de su ejército: su hablar y los pocos rasgos que permitía ver el pasamontañas no concordaban con el discurso proindígena que ha mantenido por casi dos décadas. Desde entonces, como cualquier líder político, ha causado simpatía y disgusto entre las altas esferas políticas, la sociedad civil y los medios de comunicación.









